Primera edición de Crepusculario.

"Me refugíé en la poesía con ferocidad de tímido... En la calle Maruri, 513, terminé de escribir mi primer libro... En las tardes, al ponerse el sol, frente al balcón se desarrollaba un espectáculo diario que yo no me perdía por nada del mundo. Era la puesta de sol con grandiosos hacinamientos de colores, repartos de luz, abanicos inmensos de anaranjado y escarlata. El capítulo central de mi libro se llama "Los crepúsculos de Maruri". Nadie me ha preguntado nunca qué es eso de Maruri. Tal vez muy pocos sepan que se trata apenas de una humilde calle visitada por los más extraordinarios crepúsculos."

Pablo Neruda
(1904–1973)

Crepusculario
(1919)

LOS CREPÚSCULOS DE MARURI

(Lentísimo)

Dice Neruda que desde el balcón de su pensión de Maruri veía cada atardecer "grandiosos hacinamientos de colores, repartos de luz, abanicos inmensos de anaranjado y escarlata". Los crepúsculos de Maruri siguen siendo tan espectaculares como los de la época del primer centenario—y todavía más, gracias al filtro carmesí, amargo pero bello de la atmósfera cargada de bruma. Y la calle, como en tiempos del Neruda adolescente, todavía es albergue de tránsfugas, de pájaros migratorios que se quedan de vez en cuando mirando los arreboles de su nueva ciudad al caer la noche, añorando cielos lejanos. Acaso alguno de esos inmigrantes, venido quizás de qué parte del planeta, nos regale –a cambio de un poquito de hospitalidad—otro territorio, otra región para el país de poetas en este nuevo siglo.

La tarde sobre los tejados
cae
y cae...
Quién le dio para que viniera
alas de ave?

Y este silencio que lo llena
           todo,
desde qué país de astros
           se vino solo?

Y por qué esta brurna
         —plúmula trémula—;
beso de lluvia
          —sensitiva—

cayó en silencio —y para siempre—
          sobre mi vida?

Perro mío,
Si Dios está en mis versos,
Dios soy yo.

Si Dios está en tus ojos doloridos,
tú eres Dios.
¡Y en este mundo inmenso nadie existe
que se arrodille ante nosotros dos!

1

Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones
y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.

2

Amigo -con la tarde haz que se vaya
este inútil y viejo deseo de vencer.

Bebe de mi cántaro si tienes sed.

Amigo —con la tarde haz que se vaya
este deseo mío de que todo el rosal
me pertenezca,

                                                               Amigo
si tienes hambre come de mi pan.

3

Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto
que sin mirar verás en mi estancia desnuda:
todo esto que se eleva por los muros derechos
—como mi corazón— siempre buscando altura.

Te sonríes —amigo... ¡Qué importa! Nadie sabe
entregar en las manos lo que se esconde adentro,
pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves,
y todo te lo doy... Menos aquel recuerdo...
... Que en mi heredad vacía aquel amor perdido,
es una rosa blanca, que se abre en el silencio...